Jordi Alcaraz

Barcelona,  1963.

El discurso de Alcaraz parte de la tradición clásica de la pintura y la escultura para llegar a un discurso construido del arte en sí a través de la naturaleza física y efímera de los objetos y de la transparencia del espacio. Materiales entremezclados a los que se añaden ciertas posibilidades técnicas contemporáneas para la composición de dibujos, esculturas y escenografías, componen una extraordinaria metáfora de la práctica del arte, así como la articulación de un sistema de escritura visual desarrollado por el artista.

La propuesta más insistente del artista es el interrogante sobre la naturaleza específica de la pintura en confrontación o, en otros casos, simbiosis con la propia identidad de la escultura. Cuestionando el hecho en sí de pintar, Alcaraz reflexiona y nos hace más conscientes de qué significados adquiere la pintura en su situación sobre el muro, a través de numerosos guiños conceptuales que llevan la noción de pintar al juego de las paradojas, la duplicidad del espacio y la asunción de lo virtual.

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